Necesidades básicas del cuidado de la piel ??‍♀️??‍♂️??

Necesidades básicas del cuidado de la piel ??‍♀️??‍♂️??

Dependiendo de a quién preguntes, el concepto «rutina de cuidado de la piel» puede abarcar muchas y muy distintas interpretaciones.

Hay quien se despacha con un lavado de cara diario, una crema hidratante puesta deprisa y corriendo y poco más; quienes tienen de todo, hacen de todo y saben de todo; están los que compran lo que les venden y los que estudian cada INCI (lista de ingredientes) como si les fuera la vida en ello; hay gente que apenas presta atención a su piel y hay gente que vive pendiente de ella, quizá porque tiene problemas cutáneos severos y/o crónicos.

La verdad es que cada rutina es tan única e individual como la persona que la sigue (o lo intenta ?).

Pero el cuidado de la piel se ha vuelto más complejo y sofisticado, respaldado por un mercado enorme que no para de crecer, y  al mismo tiempo se ha vuelto más intimidante, abrumador y confuso para los neófitos.

Al final, todo se reduce a conocer las necesidades básicas de la piel para poder satisfacerlas y, lo más importante, conocer las necesidades concretas de tu piel para encontrar las rutinas que mejor se adapten a ella y a ti, a tu forma de vida, a tus gustos y posibilidades.

Si te encanta dedicarle horas a tu piel podrás ampliar tus rituales hasta el infinito y más allá, pero si, por el contrario, quieres cuidar tu piel con la mínima inversión de tiempo y esfuerzo, también hay unos básicos diarios que no puedes saltarte.

¡Empecemos!

Necesidades básicas del cuidado de la piel

Qué significa cuidar la piel

Estamos hablando, ni más ni menos, del cuidado y mantenimiento del órgano más grande de tu cuerpo: ¡tu piel!

Su papel como barrera, protección y ayuda a el mantenimiento integral del organismo es primordial. Se puede decir que, en cierto modo y hasta cierto punto, la salud de la piel afecta y repercute en toda nuestra salud.

Y viceversa: cuando algo no va bien es muy frecuente que la piel lo refleje de una u otra forma.

El cuidado real de la piel va mucho más allá de una cuestión meramente cosmética y en él se incluyen nuestros hábitos de vida, de comidas, de sueño, etc.

Para las pieles «normales» supone conseguir mejorar cualquier inconveniente, sea temporal o no, y retrasar las consecuencias que el paso del tiempo va dejando en nuestros rostros; para las pieles con patologías el cuidado cutáneo puede suponer enormes diferencias en la calidad de vida.

Además, las personas con problemas médicos en la piel necesitan encontrar una rutina que, para empezar, no empeore su condición ni provoque consecuencias negativas, ya que se trata de pieles mucho más sensibles y en las que las reacciones son magnificadas casi siempre.

Pero conseguir encontrar el punto ideal de mantenimiento marca una gran diferencia que puede hacer que tanto las enfermedades cutáneas como sus síntomas se reduzcan drásticamente.

Es evidente que todo esto necesita ser planteado con la colaboración y el asesoramiento de dermatólogos y que muchas de las indicaciones que aquí demos pueden o no aplicarse en esos casos, pero nunca sin una supervisión profesional.

Cada piel es verdaderamente un mundo, no hay dos que funcionen igual y nuestras rutinas han de adaptarse a la idiosincrasia particular y única de nuestra piel.

Hay que destacar que son muchas las personas que, además, encuentran muy terapéutico el momento del día que dedican a limpiar y mimar su cutis, como las hay que lo consideran lo más parecido a una absurda pérdida de tiempo (por cierto, evita estos errores a la hora de lavar tu cara).

Pero si has decidido que tienes que dedicarle algunos momentos todos los días, intenta hacerlo con el mejor talante y disfrutarlo.

Hay gente que ha encontrado en el cuidado de la piel una terapia que les ha conducido a un cambio radical en su vida. No estamos diciendo que sea un ejercicio vital ni que vaya a suponer un antes y un después para ti, pero si estás aquí, leyendo este artículo, es porque quieres hacer algo al respecto, así que date la oportunidad de convertirlo en otro motivo de goce y diversión.

Cuidar la piel no deja de ser una forma de cuidar de uno mismo, una oportunidad diaria de dedicarnos un rato en exclusiva, y podemos transformarlo en un rato de relax y desconexión del estrés diario.

¿A que suena maravilloso? ¡Y puede serlo! Pero no te dejes impresionar por el trabajadísimo marketing que está detrás del mundo cosmético y aprende a hacer tus elecciones desde tu propio criterio informado y buscando lo mejor para ti y tu piel.

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El paso necesario antes de empezar con el cuidado facial

Las necesidades básicas del cuidado de la piel

Si vas a construir la casa desde los cimientos, lo primero que tienes que saber es cual es tu tipo de piel.

No te hacen falta grandes conocimientos dermatológicos ni un estudio pormenorizado, porque saberlo te servirá muy relativamente: sea cual sea tu tipo de piel, luego tendrás que ir captando sus matices y estar en disposición de cambiar cuando la piel lo vaya haciendo (es un órgano muy vivo que responde a miles de estímulos, desde hormonales a emocionales).

También deberías definir cualquier problema cutáneo que quieras abordar o mejorar, como pueden ser el acné, las manchas o la excesiva sensibilidad.

Sí es importante que distingas entre el tipo de piel y los problemas que pueden aquejar a cualquier tipo de cutis en cualquier momento.

En cuanto al primer punto, se reconocen cuatro tipologías de piel:

  • Seca: es la piel que produce poco sebo natural y suele tener menos glándulas sebáceas por centímetro cuadrado. Sin un cuidado diario tiende a escamarse, estar tirante, reseca, incómoda y hasta a picar.
  • Grasa: al contrario que la seca, produce un exceso de sebo que se manifiesta en brillos, tendencia a poros obstruidos, acné, granos de todo tipo, etc.
  • Mixta: una mezcla de las dos anteriores. Es el tipo más común y se distingue porque en la parte central del rostro se acumula la grasa (en frente, nariz y mentón, sobre todo, la llamada zona T) y en el resto la piel está más o menos seca.
  • Normal: cualquier piel que no es seca, grasa ni mixta y que tiende a estar equilibrada y presentar un aspecto sano, relajado, uniforme y suave.

En todas ellas hay grados, matices, temporadas, cambios, circunstancias… ¡la piel está viva!

Cualquier piel de cualquier tipo puede presentar problemas como:

  • Deshidratación (falta de humedad, no de lubricación como en las pieles secas). Es un problema puntual, aunque puede llegar a ser crónico, pero no es una condición de la piel como lo es la sequedad.
  • Sensibilidad excesiva.
  • Alergias.
  • Inflamación.
  • Acné (puede aparecer en pieles grasas, mixtas, secas, incluso en las normales a veces, y tiene orígenes diversos).
  • Manchas.
  • Envejecimiento prematuro, etc.

Los básicos del cuidado de la piel

El cuidado de la piel no tiene por qué ser complicado si no quieres que lo sea.

Los tres pasos básicos de una rutina de cuidado de la piel son la limpieza, la hidratación y la protección.

En realidad, son el punto de partida para todo y puedes quedarte ahí -lo que no significa que vayas a pecar por defecto- o llevar tus rutinas a nuevas cuotas de complejidad y sutileza (cuidado que también existe el pecado por exceso, y lo paga tu piel).

Si estás empezando en esto del cuidado facial el mejor consejo que creo que puedo darte es que vayas poco a poco y que establezcas un andamiaje que te sirva para toda la vida.

Empieza con rutinas simples, fáciles y muy efectivas, afiánzalas en tu vida y luego, si es lo que quieres, vete profundizando más. Pero hay unos mínimos que no deben faltarte nunca y que deben pasar a formar parte de tu vida diaria.

Cuando los integres no los notarás pero el efecto sobre tu piel va a ser relevante y con el paso de los años lo agradecerás y tu piel te lo recompensará con creces.

Una rutina simple acabará siendo tu mejor y más efectiva arma contra la pereza, la falta de tiempo y un seguro de vida magnífica para tu cutis. Establécela desde el principio y… ¡aférrate a ella!

La limpieza

Conoce las necesidades básicas del cuidado de la piel

La piel sana está siempre limpia, tenlo claro.

Pero eso no quiere decir que tengas que limpiar tu cara de manera compulsiva, ni mucho menos.

Como norma lo ideal es limpiar el cutis dos veces al día, por la mañana y por la noche (descubre por qué es importante hacerlo así).

Por la mañana la limpieza despeja el rostro y elimina piel muerta, grasa, sudor, bacterias y suciedad acumuladas durante el descanso.

Por la noche la limpieza retira del rostro tooooooodas las cosas poco deseables que se han ido acumulando y se le han ido pegando durante el día: más grasa, más sudor, más células muertas y bacterias, más suciedad y, además, contaminación, químicos, radicales libres (sobre todo por la exposición a los rayos UV solares), partículas de todo lo que tocamos y nos llevamos a la cara y de todo lo que flota en el aire y se nos queda adherido.

Las pieles secas pueden prescindir de la limpieza matutina y sustituirla por un aclarado con agua tibia o fría, nunca caliente, pero no hay piel que pueda prescindir de la limpieza nocturna.

Cuando hablamos de limpieza nos referimos a algo más que el agua y el jabón. Encontrarás una oferta apabullante, entre la que tendrás que decidir cuál es el tipo de limpiador que más te gusta o mejor le va a tu piel.

Hay varias cuestiones a tener en cuenta a la hora de elegir:

  • Comprueba que es suave y no necesitas frotar la piel cuando lo usas (¡no frotes nunca la piel ⛔️‼️).
  • Asegúrate de que hidrata tu piel y, desde luego, de que no la seca bajo ningún concepto.
  • Evita ingredientes como el alcohol, las fragancias y perfumes, los colorantes, etc.
  • Descarta cualquier ingrediente irritante o tóxico.

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Si te maquillas, antes de limpiar a fondo tendrás que retirar todo el maquillaje: aplica a tu desmaquillante las mismas reglas que a tu limpiador, y aquí la tentación de frotar puede ser mayor, pero tienes que resistirte.

Hay muchos desmaquillantes magníficos que son muy suaves con la piel y muy efectivos en la eliminación del maquillaje.

El protector solar también es difícil de retirar completamente, pero hay que hacerlo porque muchos de sus ingredientes al degradarse pueden afectar al cutis.

La doble limpieza facial es una técnica que incluye una primera limpieza con algún aceite o producto oleoso y una segunda con uno acuoso.

Funciona muy bien y deja la piel perfecta, pero es una opción, no una necesidad. Si te parece muy complicada, cíñete a lo más básico, que siempre ha funcionado y todavía sigue haciéndolo.

La hidratación

Hidratar supone aportar agua, humedad, a la piel.

Existen ingredientes que pueden hacerlo, como el ácido hialurónico y otros polisacáridos o la vitamina C , por citar algunos de los más conocidos y que mejor funcionan.

También es importante la humectación, es decir, la capacidad de algunos ingredientes para regular la pérdida de humedad y evitar que sea excesiva. Desde la glicerina hasta los aceites vegetales, son muchos los humectantes que tenemos a nuestra disposición y que aparecen en las fórmulas de las cremas hidratantes.

La hidratación la necesitan todas la pieles, incluidas las grasas, que pueden utilizar cremas sin grasa, pero que no deben prescindir jamás de ella. Eso sí, busca ingredientes no comedogénicos y evita los derivados del petróleo y las siliconas, que son muy oclusivos.

Si a tu piel grasa la sometes a una limpieza excesiva y, además, no la hidratas, lo único que conseguirás es producir más sebo y empeorar tu situación.

Los tratamientos hidratantes pueden incorporar activos que ayuden con problemas concretos de cada cutis.

La protección

Conocer las necesidades básicas del cuidado de la piel

Estamos hablando del protector solar, un imprescindible durante el día.

El sol es la principal fuente de radicales libres y la causa del envejecimiento prematuro y profundo de la piel (fotoenvejecimiento), ya que afecta a todas sus capas, llegando a las más profundas y alterando su correcto funcionamiento.

Son muchos los estudios que han demostrado que ningún FPS inferior a 30+ tiene un verdadero efecto, y que para las pieles blancas el mínimo deseable es de 50+.

Necesitas un protector de amplio espectro y tienes que saber que es un paso que no tiene sustitutos eficaces:

  • Sérums, cremas y otros productos tienen ingredientes que mejoran la fotoprotección natural de la piel, pero no tiene el efecto pantalla que tiene el protector.
  • Las hidratantes o los maquillajes con FPS son mejor que nada, sin duda, pero su eficacia real deja mucho que desear.

El protector solar hay que renovarlo periódicamente (entre cada hora y cada cuatro horas) mientras se esté al aire libre, lo que te da una idea clara de que ni las cremas ni los maquillajes pueden hacer en ese sentido un trabajo real.

Las pieles grasas tienen que elegir protectores no comedogénicos y las muy blancas tienen que usar un FPS elevado para evitar daños que están ahí aunque no se noten en la piel.

Hay algo que está demostrado: el cuidado de la piel que no incluya la protección frente al sol está destinado a fracasar.

En el otro extremo, una piel protegida del sol parecerá mucho más joven, luminosa y sana durante mucho más tiempo. Es así de simple.

El protector solar es el último producto que debes aplicarte, para que pueda cumplir con su cometido a la perfección.

Los cuidados adicionales

Entre estos tres pasos básicos puedes intercalar muchos otros, unos a diario y otros con menos frecuencia.

Un paso necesario según el tipo de limpiador que suelas utilizar es el tónico: las buenas aguas micelares evitan este paso, pero otros limpiadores no.

El tónico es fundamental para restaurar rápida y efectivamente el pH fisiológico de la piel. 

Por ejemplo, entre la limpieza y la hidratación puedes incluir de vez en cuando (no más de dos veces por semana, dependiendo el tipo de piel) mascarillas faciales y exfoliantes.

Encontrarás mascarillas para todas las situaciones y necesidades: limpiadoras, exfoliantes, calmantes, hidratantes, aclarantes, relajantes, purificadoras… un mundo por explorar.

Los exfoliantes son magníficos para hacer una limpieza profunda, pero no se debe abusar de ellos porque pueden llegar a irritar e incluso a sensibilizar la piel.

Justo antes de la hidratante puedes utilizar un sérum para tratar la piel por dentro, gracias a su poder de penetración y a la potencia y concentración de sus activos.

Los encontrarás para cualquier contingencia o necesidad y hacen un tándem perfecto con las hidratantes, pero no son lo mismo y el sérum no sustituye a la hidratante.

De ahí en adelante, el cielo es el límite: si quieres gastar tiempo y dinero en el cuidado de tu piel vas a encontrar ofertas de todo tipo, algunas tremendamente tentadoras.

Utiliza el sentido común e investiga para cerciorarte de que en ningún momento estás poniendo en peligro tu piel ni tu salud.

Algunos apuntes finales

Sobre las necesidades básicas del cuidado de la piel

  • Prueba SIEMPRE cada producto que vayas a usar. Es una costumbre que todos deberíamos adoptar.
  • Ante la duda, una norma de los cosméticos es empezar con los más ligeros hasta dejar para el final los más densos (maquillajes y protector solar).
  • Lo de «menos es más» es una regla de oro que funciona muy bien en todos los aspectos: busca ingredientes de calidad, pocos y naturales; no te pases en el cuidado de la piel, porque necesita poder seguir trabajando por su cuenta; no te excedas en limpieza o tratamientos. ¿Quieres controlar los ingredientes que llegan a tu piel? ¡Haz tu propio limpiador facial en casa! 
  • No esperes milagros: el cuidado de la piel es un proceso y los mejores resultados aparecen en el medio y el largo plazo. Además, no cuidas la piel para que, de repente, esté increíble, sino para que esté bien durante mucho tiempo.
  • Si una nueva rutina o un nuevo producto parece no funcionar, sé paciente; si te pone la piel peor, déjalo.
  • De la misma forma que es bueno usar la experimentación para encontrar tus mejore rutinas e ingredientes, estar continuamente experimentando no es una buena idea y puedes volver loca a tu piel. Cuando algo te funcione, úsalo.
  • La constancia y la coherencia darán sus frutos: confía en el proceso y el la capacidad de tu propia piel.
  • Aprende un poco sobre ingredientes para poder elegir los productos que realmente contienen ingredientes deseables y para sustraerte de la magia engañosa de la publicidad.
  • Recuerda que tienes una piel para toda la vida: cuídala y cuídate para hacerlo (haz ejercicio, vida al aire libre, come y duerme bien, evita el estrés, etc.).
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